Cementerios históricos de interés turístico

San Amaro es el monje mítico galaico que quiso ver el Paraíso en vida. Emprenderá el viaje al Alén que se encuentra tras el Mare Tenebrossum, el Atlántico, a donde han de ir las ánimas de los que fueron vivos. San Amaro o San Barandán protagonizan historias del cristianismo celta internacional atlántico. San Amaro es también el camposanto marítimo de la ciudad, una auténtica lanzadera de ánimas en esta Costa da Morte del Sol hacia el Paraíso.

Este es un mundo complejo cargado de simbolismo que se remonta a las creencias milenarias procedentes de otro tiempo, reconstruibles hoy día gracias a la mitología europea atlántica comparada. El Celtismo se pondrá de moda en el arte, historiografía e imaginario popular de Galicia, y además sus pioneros de la Cova Céltica (Murguía, Pondal y otros) iniciarán su viaje al Alén desde esta proa de San Amaro.

Nos situamos en el contexto de una religiosidad celta de carácter solar y trinitaria, según el deán del Instituto Gallego de Estudios Celtas, Andrés Pena Graña. El disco solar se hunde todas las tardes más allá de los promontorios occidentales de la eterna Gallaecia o Celtia guiando tras de sí a una interminable Santa Compaña de ánimas hacia el Más Allá. Este disco solar (representado en el logo del Bicentenario de San Amaro) en su Segundo Paso se convierte en decadente y solsticial guía de las ánimas al Más Allá, al Sidh, al Alén galaico, Paraíso. Es la mitología del caminante Setanta irlandés, Oghmios galo, Heracles griego o Hércules romano. Es la divinidad pancéltica Lug (que dará origen a Lugo en Galicia, Lugones en Asturias, Lyon en la Galia). Será romanizado en Mercurio. Julio César afirmó en De Bello Gallico que el dios más venerado por los celtas era Mercurio o Hermes. Aristóteles comentó en sus escritos que existía un camino de peregrinos hacia el Extremo Occidental denominado Vía Heraclea siguiendo la ruta que había realizado el héroe Hércules sobre la copa o kálix del Sol hasta la Tierra Roja, el Hades, para dar muerte a Gerión y robarle su ganado en el contexto del Décimo Trabajo.

Diversos elementos guías, lares viales, auxilian a las ánimas en su camino, en forma de animales psicopompos como búhos representados en los nichos de San Amaro. Estos lares viales se petrificarán en los milladoiros y cruceiros gallegos, fijados para seguir guiando a estas Santas Compañas de ánimas hacia el Alén.

En este contexto del Dying God o solsticial disco solar y el tránsito de las ánimas al Paraíso es donde encontramos la relevancia de carácter universal de los promontorios occidentales de Galicia, auténticas lanzaderas de ánimas hacia el Paraíso situado más allá del mar occidental. Es de este modo como se entiende la tradición milenaria de las peregrinaciones hasta esta Costa da Morte del Sol, a donde han de llegar todas las ánimas.

Wenceslao Fernández Flórez habla en su obra de las Santas Compañas de almas en pena guiadas hacia el Más Allá. Es sumamente bello recordar en esta obra que sale a la luz con ocasión del Bicentenario que éste es el camposanto donde encontramos los restos del mayor número de participantes en una de las más célebres literarias Santas Compañas, la descrita por Alfonso Daniel Castelao en su Alba de Groria, pues desde aquí cruzaron al Alén Murguía, Curros y Pondal. Estamos en uno de los grandes Panteones de Galicia, donde nos encontramos con elementos simbólicos tan sugerentes como cruceiros, un dolmen, la moura galaica, el búho psicopompo o una Portalén o acceso al Underworld, repartidos por los cuatro departamentos de este histórico cementerio atlántico.

*Un texto de Suso Martínez. El cementerio de San Amaro. Memoria de dos siglos. Ayuntamiento de A Coruña, 2012: 132-133

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